26 mar. 2020

22/03/2020-1

¡¡ Qué injusto soy !!
y así me siento,
al no recordar a mi padre
más que con imprecisas actitudes
que no quiero reflejar
porque quizá
nunca quiso o supo ser
aquello en lo que se convirtió
pero que en cada cual
incidió de manera y forma
con la que a pesar del paso del tiempo,
tanto desde que falleció como de mi edad,
aún queda esa actitud que me domina,
como es natural.

Nunca podré obviar que soy
ese conjunto de genes, algunos suyos,
que junto con las experiencias vividas
forjaron en gran medida mi ser
en aquel contexto inimaginable
con el cual la vida se abrió camino
dentro de la familia en la que me desarrollé.

Nunca culparé a quien por convicción
se vio superado por las circunstancias
aunque quizá debiera hacerlo para exculparme
de lo que nunca recibí y añoraba
aunque olvido selectivo que quizá
sea yo el injusto por no valorar mi situación
a la que por otra parte, yo vine a caer.

En fin, nunca fue mala persona ni vanidoso,
jovial y sociable con quien lo fuera,
gran trabajador, responsable y admirado humanamente
atrajo gran cantidad de envidias por su buen caminar,
y,
tanto tanto lo deseaba...

Pero me faltaron caricias y te quieros
juegos, complicidades y sonrisas,
sobrando obligaciones y seriedades
oraciones, confesiones y misas
porque nunca quise haber nacido
para no ser yo
ni para tener que buscarme
todo el resto de mi vida.

Gracias, terapia poesía,
una vez dado a conocer
culminaré mi penitencia
de dar a entender
lo que nadie debiera hacer,
tanto la carencia de mi padre
como esta burla a la poesía.”

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Os presento los audios en los que he dividido un ensayo que espero os cale. Aunque está ordenado desde el último al primero, aconsejo empezar por el principio.